viernes, 9 de junio de 2017

DEL OCIO REBELADO.../ Poesía de José Ignacio Restrepo



ESTÁN Y NO ESTÁN


Están hechos los miedos de palabras...
pero los míos están hechos de silencios,
de versos sin razón inacabados,
sin razón comenzados...

Cierro ojos y pecho,
así las llamo,
alguna se derrama entristecida
pidiéndome perdón como de oficio,
y cae de los ojos ya cansados
de este oficio de darse sin reparo,
hasta esa mejilla de las fotos,
la que muestra su piel algo rajada
por encontrar al sol
sin protección,
cuando solo la mano allí en la frente
le brindó algún amparo.

Verdad es que me sirven y no pago,
las uso para ir sobre tu piel
y sin un aviso previo solo callo,
al verla por su obra bien arder
ni a las gracias regreso...
acaso por desidia un mudo beso...
y cuando me encabrito por su ausencia
reculo sin hacer lo que pedían,
que mi hacer a su hacer se asemejara,
pues no puede la sombra  distanciarse
del alerce que ávido se mueve
ante el viento
vencido por su gracia...

No puede...

Por el tacto excesivo pongo ungüento
allí donde se alzan nuestros cuerpos
y se encuentran de golpe en el fermento,
y que hoy, otra vez me dice bajo,
gestará algún dolor
mientras nace el placer
un poco abajo...
qué sólido rencor
que apenas nombre
las égidas de algotros literatos,
sus meriendas habladas en la piel, 
aquí solo convoco rastros albos,
y a ellos dos que siempre llenan todo,
el dolor y el placer...

Mientras duermo las veo desfilar,
ésas a las que llamo olvidadizas
y las otras,
que sí llamo siempre vienen,
que están regadas como hijas por mi alma, 
por mi seso ensortijado y por mi piel,
no faltan como no lo hace este sendero
que a mi puerta trae tus pies
y sobre ellos,
el cálido prospecto de las horas
que se restan de un número inconcluso,
sea par o impar es fraccionario,
con décimas si acaso de descuento
y un acuoso silencio,
elocuente para dos cuando me miras,
mercedario quizás,
pero transido y egoísta cuando a solas
nombro cosas infames que no están
o que hace rato
las ha cubierto el moho.


  JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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viernes, 12 de mayo de 2017

VIENTO HAY, AFUERA, AMOR / Poesía de José Ignacio Restrepo


EL ACUERDO DE TACTOS


Suma de albores,
las manos y mi tacto congelado
tratan de hallar algún terreno nuevo,
algún trozo de piel de nívea sapiencia
cuyos lunares formen consteladas
formas de asalto,
entretenidos mapas,
para llegar, 
y para luego huir
sin dejar gotas de aceite oscurecido,
la deleznable marca del café
vertida sin querer en tu vestido.

Todos los nombres reunidos
nada pueden hablar
de mi futuro,
pero tu nombre sí,
cada vez que te nombro me enmudeces
y algún poeta dijo alguna vez,
que éso es signo de un sopor antiguo
que apenas ha nacido ayer
cuando miré a la altura de tu ombligo,
y luego me dijiste,
está bien anudado, es casi plano,
¿quieres ver que te digo la verdad?

Tienes la voz augusta del arcano
que antes de hoy visitó
el borde lateral de mi lenguaje,
con el que ataco la osadía de decir
en estas horas quietas,
donde me vuelvo simple,
casi un viejo y filial anacoreta...
Bello poema eres
mujer mía,
surco impaciente que espera hoy a la noche
para volverse piel, 
y convertirse sin más en fuego alterno,
firmar en la mesa del acuerdo
que seguimos siendo dos
aunque a veces sintamos
como hoy,
que somos solo uno apoyado en el tiempo
que llamamos hoy.


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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jueves, 4 de mayo de 2017

MERENGUE / Poesía de José Ignacio Restrepo



DE REVISTA


...y en el delgado carmín
que cubría sus labios
con cuidado,
pude ver el postrer beso de él
aún bien aferrado,
no como un recuerdo que pasó
sino como ese bien tan necesario
para emprender
con vida
la mañana...
amalgama con curso detallado
que sabe bien cuándo y cómo pasará,
y por éso no se preocupa,
ni mira con desdén,
ganas o lupa,
al que la mira encinto,
con detalle,
como ahora hago yo sin meditar,
desde este lado frío
de la calle...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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miércoles, 12 de abril de 2017

¿USTEDES VIERON? / Poesía de José Ignacio Restrepo


CONFETI


Hoy paso por una calle ajena
por la que ayer cruzó una caravana
de gente que seguía a algún famoso...
se pega natural de mi calzado
ese papel picado,
miríadas de todos los colores,
que pasan cual vital jardín de flores
haciendo para quién de suvenir,
de chiste en el final de su jornada...

Un mitin encorvado,
el griterío fanático de miles,
el incordio de gritos farfulleros,
la turba descarada,
y acaso en las ventanas esos rostros
junto a otros sonrientes,
que no ven la razón ni lo atinente,
mientras en otras partes cae el cielo
en explosiones pares y los niños 
se mueren sin saber qué les pasó,
partidos, desangrados,
o con hambre...

Pasó ayer una humana procesión
de gente feliz y equivocada,
varada entre su hacer y su pensar,
sin más crédito dar
que a éso que les nutre de alegría...
insomnes, gutaperchas entre si,
adheridos a verdades demacradas,
con líderes que mandan olvidar
a toda la tristeza,
a éso que les ponga a cavilar
los senderos de toda la cabeza...

El confeti tirado en el asfalto
por tres cuadras de largo
cuenta lo necesario de olvidar,
el sánscrito caudal
venido de comarcas hoy en guerra,
la guerra de los ricos por los pobres,
la guerra de tener lo ya perdido,
esa forjada en mesas de algún club
cuya meta conspicua en dos palabras,
es robarse del subsuelo la riqueza,
simplemente acabando
con el pueblo que habitaba el suelo,
el caos generado y vuelto pan,
de compra diaria por el otro mundo,
el que mira noticias de otro lado,
el que combate rutina con rutina,
el que atorado al presente solo cree
aquello que en la tevé 
mal le cuenten...

Hoy pasé por una cuadra larga
cubierta de confeti de colores,
hubo trago y fiesta estoy seguro
casi hasta llegar el alba,
una boda de jóvenes famosos,
un político que apenas nace,
un equipo de fútbol vencedor,
soldados que llegaron vivos...
nada realmente superlativo...
migajas de papel,
color de olvido.

JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
Copyright ©

jueves, 6 de abril de 2017

EL ÚLTIMO VERSO / Poesía de José Ignacio Restrepo



LLEGAR


Dejo la piel morada en estos versos,
la piel de ir y venir amoratada
y vengo acá, a donde me has llamado
a punta de diez brillos y el bordón
que tienes como agüero entre los ojos
y cuento cuando dejas
que mire yo en la noche
cuando vienes,
que son como ventanas para ver
los linderos del alma...

Vengo con las narices muy tapadas,
con mis ojos enfangados de llorar
por la ruina del mundo,
y la que cargo,
solicitando un poco de alimento,
de ese ácimo pan
que bien tú horneas,
y me hago en el zaguán cual diletante,
cual mendigo sin prisa, taciturno,
para que tú me veas
cuando llegues...

Por mis sienes la nieve,
el pecho entre ofuscado,
los pies en carne viva por llegar
y el cuerpo muy cansado...
solo verte me debe mejorar
como pasó otras veces...
que me invites a entrar y a comer algo,
que te rías de verme demacrado
por hacer de la vida un solo esfuerzo,
y luego en el silencio bien me llames
con tus ojos perfectos
a escribir en tu piel
mis nuevos versos...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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martes, 4 de abril de 2017

CUANDO CANTA UN TURPIAL / Poesía de José Ignacio Restrepo


UNA SIMPLE METÁFORA


La baldosa se lo sabe de memoria. 
Ha aprendido por fin a caminar 
olvidando para siempre el don del vuelo. 
Vino un día conmigo del mercado 
picoteando el botón que va cosido 
en mi gorra ya vieja marca nike, 
yo con miedo que hiciera algo en mi oído. 

Pasó calles, carreras, avenidas, 
asentado, dormido en mi cabeza, 
y al llegar sin parar mientes en nada 
recorriendo la casa como propia 
cantó trinos que sabía de memoria 
viendo tantas ventanas, presentía 
que lo había traído por tozudo 
y que pronto cansado lo iba a echar.

Pero nunca pasó. 
No fue el perro ni el gato ni el cansancio. 
No pudieron con el los ratos rancios. 
Ni la hoja de papel puesta en la mesa 
que de mañana aguarda a que mi mano 
escancie sobre ella las palabras, 
que al rato sin respeto picotea 
con envidia infantil y pasajera...
esa ave cantora, ese turpial 
entre meses recorriendo este zaguán 
olvidó sin querer el don del vuelo 
que había aprendido sin afán 
por el gozo de hacerlo. 

Y dedicó horas sin augurio 
a cuidarse del perro y mi paciencia. 
De ese gato mestizo que lamía 
mis manos sin permiso si cantaba
y hasta el día impensado de su arribo 
era el dueño y señor de este lugar.
Una noche en la almohada picoteó
 entre mi esquivo sueño su silencio
avisando inquietudes declaradas 
y yo sin atención no lo miré
ni tampoco cuando se hizo en la ventana. 

Rayando el nuevo sol me desperté 
y con su canto ausente entre mi oído, 
me di cuenta sin más que ya no estaba, 
que el amado turpial se había ido.
Me hice largo rato allí a mirar. 
Y luego vino el gato y luego el perro. 
Con la vista en un punto paralelo 
estaban junto a mi como esperando, 
pero más bien pensaban en lograr 
del justo retroceso un bien perdido. 

El ave no volvió.  
De nuevo mi silencio malherido 
reinó en este lugar 
volvió mi gato a hacerse entre mis piernas 
y mi perro a ladrar duro a deshoras. 
Nunca volví a ponerme aquella gorra 
ni a silbar mis tonadas favoritas 
robadas a esa ave que llegó 
un día ya olvidado ya hace tiempo
y que al verme enamorado se quedó.



JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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miércoles, 15 de marzo de 2017

LOS BUENOS TIEMPOS / Poesía de José Ignacio Restrepo



MEDIO VASO DE AGUA


Villorrio de celofanes
con paredes de aguardiente,
donde vengo a visitar a mis queridos recuerdos
cada martes mes partido
y sobre todo los viernes,
en que siento que de nuevo
soy pirata malherido,
veo colgadas sin fe
fotos viejas donde yo
colaboraba de pie
tomando con puntería,
risas de comensales que estaban allí por mí,
mostrando lo bien que estaban,
lo bueno que la pasaban
casi invitando al que viera,
cuando fuera, donde fuera,
a tomar aquel tranvía que los llevaba a mi casa
para vivir como ellos algún momento aquiescente
que sin esfuerzo los tiente
a sentir como se debe
y de la muerte les deje
alejados y contentos...

Veo una foto preciosa
y a acerco hasta mis ojos
donde estoy con una diosa
en las mitades de todo,
seguramente sin habla ofrendado a su belleza
esperando que me lleve al lugar de donde vino,
miro la piel ya ladino, ya perplejo...ya encelado,
y luego miro sus ojos que me tienen por objeto,
y recuerdo desde aquí
lo hermoso que la pasamos,
lo mucho que le entregué,
y tanto que me dio ella...
y me pregunto porqué tomamos otro camino
conociendo la respuesta del agua que fue al molino...
que foto bella por dios,
es mejor colgarla allí
y regresar a la vida
que me llama de este lado,
abreva el agua ese molino
y yo bebo desde aquí
mi precioso vaso de agua y con esta antigua sed
por tener tan buen pasado
y este presente también...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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