domingo, 12 de agosto de 2012

LA LECCIÓN DE AMARTE... / Poesía de José Ignacio Restrepo



ARENISCA


Polvo rojo
ardiendo en la platea,
paso el dedo mejor
que se dirige
al vértice de dos puntos erguidos,
que mientras muestra bien de que se trata
la ópera perfecta o la barata,
descorre para vos los dos visillos
que hasta cerrados
siempre te idolatran

Se yerguen
de su zona de descanso,
aureolas como dos gruesos duraznos,
y yo no quiero más símiles puros
que brotan de tu piel enrojecida,
más bien me armo de dos 
de mis sonrisas,
y exploto con mi cojo abecedario
y mis miradas dignas

Veo salir
casi que de inmediato,
deseos hasta hoy desconocidos,
saltando sobre mi en paracaídas
como soldados doctos en placeres,
ardientes con sus botas de campaña
disparan sobre mi 
dulce metralla,
sin por horas dudar 
o detenerse

Desértica empezó
nuestra batalla,
en dudoso y sutil interrogante
y apenas acabó cuando el instante,
nos dijo suavemente en el oído,
para estos ustedes han nacido
y los ojos de los dos casi cerrados,
felices de soñar a ojos abiertos,
mirándose gemelos se cerraron
a crear se fueron en alianza
para ver lo que haremos
ya mañana...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
• Copyright©

ERUDICIÓN / Poesía de José Ignacio Restrepo

GEMELAS


Contraes tu semblante extrañamente,
mientras me cuentas que tuviste apuro,
que llegar fue una guerra con el tráfico,
y aun no sueltas del todo tu cansancio,
yo tomo mi lugar tras de tu espalda,
de ida hacia el diván halo el aceite,
me despojo de mis bajos pensamientos
y los relego para hacer de mago,
tu te tiendes algo recelosa,
como en toda ocasión que yo te sirvo,
y recibes el cariño aventajado
que es sabio en devolver a todo forma,
sea músculo, o alma apedreada... 
Yo coloco mis gemelas manos,
estas diosas nacidas un enero
y tu espalda se tiempla como un arco
para que ellas se lancen con premura
e interpreten sin nada melodías,
que escuchan las almas encerradas,
como la tuya o la mía...

En diez minutos ya hacemos el amor,
se ha ido la tensión, la algarabía,
hay sueños que merecen la emoción
de ser soñados cada vez más finos,
y así tu y yo nos descubrimos,
cuando le pongo final a tu fatiga,
y le devuelvo a tu espalda algo cansada,
tus bellas alas, amada,
para que vuelvas volando
hasta a mi pecho,
a jugar como niños
escondidas...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
• Copyright©

jueves, 9 de agosto de 2012

LA CONFESIÓN... / Poesía de José Ignacio Restrepo

ETÉREA


Voy por vos
cuando lento me prendo de tu talle,
se me quejan el alma y los recuerdos,
los segundos que pierdo
son infames botines que no cobro,
y los brillos rubíes de tus ojos
que desgastan paredes y cortinas
son perdidas y amadas golondrinas
que no hallan el nido de su vuelo
y se pierden huidizas,
huérfanas de mi risa,
mis preguntas,
que si no son de ti
de nadie sienten...

Por vos definitiva
y liberada,
altiva mujer mía no enlazada,
pongo mejor apuesta cada día,
sin pisar el estribo de la vida
me brinco ante el caballo que me lleva,
y el destino me ve antes de todos,
en la guerra fraterna de vencerme,
he hecho de tus ecos de quererme
el mejor arrebato de mi vida,
la canción que se atora
y me enternece,
a la hora que sea que recuerde
que me llevas encima...

No te digo de cuánto
es la medida,
pero has visto el ancho de mi pecho,
cuando lo lleno de aire,
de fiel viento,
cada átomo que entra te pretende,
y en mi adentro se yerguen poseídos,
los deseos de mi que te persiguen
y los míos inmensos de tenerte,
se unen en favor concupiscente,
y avaros por aquello que nos llame,
no nos dejan pensar en nada más,
y por eso aquí estás 
sobre mi piel,
caricia esperada y deliciosa 
por perfecta a mi suerte retenida
oración que se reza en nuestras bocas...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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TODO ES LA PIEL... / Poesía de José Ignacio Restrepo

CABALGATA


Cordones halo que salen de tu vista,
vástagos de tus luces de hembra dulce
pasos amables en ajustadas cumbres
donde tu te has caminado en otros días
yagé de hojas pegadas,
manso cuero,
visiones de crepúsculos vividos,
entonces tomo carne de tu abrazo
como si fueras sed para mi agua
que lleva siglos empozada y sucia
cual si tu fueras la última que existe
procesada y posible de vivirse...
Te llevo de la boca hasta mi sitio
el pequeño almacén que hace de casa,
lugar donde administro mis remedios
a los recuerdos con consuelo amados,
que reptan como saurios sin bautizo
y además sin tapujos por el suelo...
Los recuerdos me miran resabiados
sin el respeto debido para el amo
desde paredes de pintura desangrada,
y este lugar sereno pero en guerra,
entrega sus fronteras a tu cielo
que por sorpresa lo toma e ilumina,
luego salimos cabalgando hacia la noche
sumas perfidias a mi ánimo y derroche,
enclaustrando mi nombre atareado,
en zurcir almas de espaldas y de lado,
para que puedan hablar sin darse puños,
sabido es que el lastre de gitanos
pinta de negro todo lo que es blanco,
y deja tantas cabezas sin sombrero,
como anillos huérfanos de dedos
que no desisten de escoger lugares
para corroborar que están ausentes,
ojales de camisas desiguales,
pocillos sin oreja que los alce,
por eso algunos poetas sin consigna
y algunos que cayeron en penumbra,
hayan dificultad en hacer letras
pues aprendieron sus nombres en mercados,
donde vendían azar y relicarios,
o los cambiaban por invisibles tintas,
que no duraban el tiempo necesario
en los poemas escritos intranquilos,
que al toque de la luz más débil
marchitaban sus letras extranjeras
y sin saber el motivo o la razón,
se iban con el aire presuroso,
y no volvían más,
en blanco dejaban esas hojas
como si nunca hubieran recibido
el grafismo inusual,
prieto, arrumado,
de un poeta sin nombre,
pero igual un poeta agradecido...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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domingo, 5 de agosto de 2012

PEDIDO ELEMENTAL / Poesía de José Ignacio Restrepo

NOCTURNO


Lo que no quieras que nazca
no lo siembres,
que de tu mano entre yemas no florece
aquel prudente gesto que elocuente,
tomó vida de ti para dejarla,
en fértil tierra, de llano o de montaña,
como ésta que traigo entre las uñas,
tañida en nueve lunas
con mis dedos de alianzas silenciosas,
entre ojos, miradas, noche, día,
perfume de jazmín y de ambrosías,
que ruedan como aceite por tu piel
y esa muralla ociosa por perfecta,
que duerme y se despierta
cubriendo esa tu espalda
sudorosa

Lo que quieras que eterno permanezca,
lábralo con tu letra cuneiforme
en haikús implorantes, delicados,
que podamos versar en cualquier lado,
de la frente hasta el pie que ama el camino,
de la mano que tuerce su destino
para buscar la grieta que invisible,
nos mira desde el fondo de la estancia,
a tus loables labranzas y a mis cayos,
que viven mortalmente separados,
con guerras prometidas a terceros,
que no han aparecido en nuestras vidas

Lo que desees pídeme sin dudas
te suplico mujer ahora a oscuras,
mientras lento jadeas y me inundas
con tu terca manera de dar todo,
como lo hace un molino dedicado,
las aspas asombrosas y pendientes
abiertas sin temor
hacia los lados,
el universo teme que establezcas
un confín de otro nombre con tus manos,
que agitas como amo de la orquesta,
tu tomas tanto aire por la boca,
que el cuarto sin oxigeno se queda,
golosa sin medir ni dar prestado,
tu sexo es como un fuelle acalorado,
quemado por el centro y por los lados,
y yo pieza de vidrio
que se forma,
un momento me exalto como ala,
creo que nace un vuelo y no soy nada,
mancorna de tu pulso que se rompe,
arena presa en ti,
en fiel minuto,
mirada que se cierra
si la encierras
en tu beso final
cruel atributo,
llamado para que entre la fatiga
y nos deje tendidos en el lecho
respirando el milagro de saber
que aun nos queda vigor
por deshacer...




JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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viernes, 3 de agosto de 2012

SERENO... / Poesía de José Ignacio Restrepo

AL ESPEJO


Estación de las pieles ardorosas,
en el borde dorado de tu aliento,
entrevero que el azar desata,
posponiendo el reinado de los vientos
y la quema de fríos...
que traslada el alma sin advientos,
cuando llega el olvido...

Y el inusual trasiego de ese verso,
enclavado en la cúspide, y abajo,
que no tendrá su voz mas que trabajo,
la muerte no será protagonista,
el horizonte dista del amor,
pero el perdón desata los fracasos...
Dirá la poesía, por supuesto,
es seguro el final, ya muertos vamos,
pero el nombre del amor,
nos ata siempre...
y en pos de cualquier gozo,
con los ojos cerrados allá vamos...

No fue solo la muerte,
que dejó inútil huella sordamente,
sino el clásico amago de tu paso,
febril, concatenado, diferente,
amante de mi quieta sordidez
que entreverada y lúgubre promete,
amarte para siempre desde hoy,
sin que pueda la suerte o el temor,
quitarme lo que tengo,
así solo le veamos
tu y yo...
Y aunque no...


JOSÉ IGNACIORESTREPO
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miércoles, 1 de agosto de 2012

YA DEBIERAS SABER QUÉ ES EL DESTINO... / Poesía de José IgnacioRestrepo

VENTANAS


Tan cliché,
de verdad tan repetido,
del cine un ejemplar favorecido,
esa estampa dulce, entristecida,
de la ventana de tren que nos observa,
con alguien que nos mira
con nostalgia,
con los ojos abiertos y con calma,
aunque sea la última esta vez,
que no nos ve,
realmente,
pues comienza el capítulo de olvidos,
la primera ocasión de la otra vida,
que empezará en el riel,
cuando todo se mueva y la estación
se condense con todo,
y se abata velozmente
hacia el recuerdo...

De tu rostro y tu piel
tengo enseñanzas,
somos todos viajeros de los sueños
y la vida es un aula omnipresente
aunque tu no lo digas,
algunas traen sellos de regresos,
y otras de frugales bienvenidas,
tengo lentas visiones que saludan
en ventanas de tren inamovibles,
con tus ojos colgados,
impetuosos,
diciéndome lo tarde que llegué,
lo improductivo de saldar las cuentas,
cuando ya todo marcha al quehacer,
de los otros momentos innacidos,
y la fe tiene ya sin nuestra culpa
el movimiento riesgoso, aventurado,
del sueño renuente y convocado,
desde antes
del alba...

La regla que nos paga
va a cumplir
estipendios ganados anteayer,
que cobramos en otra ventanilla,
de un lugar donde suertes y carreras
a las patas de caballos iban atadas,
recuerdo que reías inclemente,
tu cara ya ganaba aquella apuesta,
tu mirada acaso se marchaba
y esa bella nostalgia me decía
que no sería en el tren la despedida
sino en otra ocasión,
acaso entre la piel quemada,
mientras la última emoción
nos extinguía...


JOSÉ IGNACIORESTREPO
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